Vieja gloria militar
de la Edad Media

De sólida construcción, sus muros apenas calados por estrechas saeteras, y estratégico emplazamiento, este castillo roquero fue en su día una verdadera joya como atalaya de defensa. Se dice que la peña sobre la que se alza sobriamente, fue pulida por varias partes para hacerlo inaccesible, si bien complicaba aun más la tarea al enemigo el profundo foso que la rodeaba.
Pero está claro que su principal arma de defensa fue su propia situación. Desde lo alto de la torre que mide unos 20 metros se alcanzan a ver las rías de Ferrol, Ares y Betanzos. Así pues, la mayor parte de las tierras del Señorío de los Andrade estaba bajo su atenta mirada.
Por ser pequeño y de escasa capacidad de alojamiento apenas servía como residencia, de hecho la familia y la pequeña corte vivían en el Palacio que existía en la villa. Sólo en momentos de verdadero peligro subían a refugiarse al castillo y posiblemente lo hacían, si hacemos caso de la leyenda popular, a través de un camino subterráneo que se dice comunicaba las edificaciones.
El antiguo castillo fue testigo de cruentas batallas, como el levantamiento heróico de los irmandiños que desmantelaron casi todas las fortalezas de Galicia, pero que no pudieron con sus muros. Tampoco el paso de los siglos acaba con esta construcción de sillería, únicamente su interior está totalmente destruído.
 
 



La torre tenía tres pisos, según delatan los huecos donde se empotraron las vigas. El superior estaba cubierto por una bóveda de sillería que todavía puede contemplarse hoy. La remataba una terraza que en su tiempo debió tener almenas y matacanes.
Según un estudio realizado en 1903 por el general ferolano Andrés A. Comerma, en la parte baja del castillo, que tenía dos pisos, estaban los alojamientos: "...cuatro ventanas hay en los muros: dos en el del E., una de dos arcos de medio punto, indicación precisa de habitación familiar, y otra con asientos de piedra, a manera de mirador; y las dos restantes en el del O., una con asientos y otra que más bien parece de defensa".
La plaza de armas debió ser muy pequeña y la única puerta de entrada al castillo, defendida por dos pequeños torreones prismáticos, se cerraba con un rastrillo y una puerta interior de doble hoja. En la parte superior coronaba este acceso el escudo de los Andrade, hoy prácticamente pulido por el paso del tiempo.
Acceso a la web de Casa do Castelo de Andrade